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"Bombas inteligentes" contra el cáncer y otras enfermedades

Científicos de la Universidad de Carolina del Sur (EE.UU) trabajan con nuevos fármacos que eliminen células cancerígenas evitando "daños colaterales" en las células sanas.

“Daños colaterales” y quimioterapia.
Existen diversos fármacos que son muy efectivos eliminando células cancerígenas. El problema está en que estos fármacos provocan lo que los militares denominan eufemísticamente, “daños colaterales”. Así, cuando eliminan (o, por seguir con el símil militar, “bombardean” las células cancerosas), también matan o dañan células sanas. Estas serían las “víctimas colaterales” del ataque contra el tumor. El fármaco Doxorrubicina, por ejemplo, empleado en el tratamiento de la leucemia, linfoma de Hodgkin y diversos tipos de cánceres (vejiga, mama, estómago, pulmón, entre varios otros) puede eliminar las células tumorales, pero también daña las células cardíacas (miocitos), con lo que un paciente sólo puede tomar una cantidad limitada de este fármaco durante su vida para evitar una cardiopatía.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Carolina del Sur está trabajando en nuevos fármacos que destruyan las células cancerígenas sin causar daños en las células sanas. Los fármacos estarían formados por dos componentes moleculares: uno que funciona a modo de sistema de guiado para buscar e identificar el blanco, y el otro como “cabeza explosiva”. Esto permitiría a los fármacos contra el cáncer desplazarse por el organismo sin dañar las células sanas. Cuando encuentran un “objetivo” (célula tumoral) el fármaco lo detecta, entra en la célula dañina y activa la “cabeza explosiva” (el fármaco antitumoral) en su interior. Una de las ventajas de este nuevo enfoque es que ya se han diseñado diversas “cargas explosivas” moleculares contra varias enfermedades distintas.

En el caso de la Doxorrubicina, un equipo de químicos coordinados por el profesor Peisheng Xu de la Universidad de Carolina del Sur ha desarrollado una nano-partícula hecha de polímero para llevar el fármaco a las células cancerosas. La cubierta de polímero recubre la Doxorrubicina, con lo que ésta es inofensiva hasta que es activada. El polímero del recubrimiento también está diseñado para ayudar a identificar las células cancerosas, penetrar sus paredes celulares, y a continuación insertar en su interior el fármaco antitumoral para que provoque la apoptosis o muerte de la célula. El polímero también tiene “asideros” moleculares a los que pueden agregarse otros fármacos contra otras enfermedades: los autores del estudio están intentando aplicar esta misma técnica a otras patologías como el Alzheimer o diversas afecciones hepáticas.

Los resultados de estos experimentos han sido publicados en Molecular Pharmaceutics. En otro artículo publicado en Advanced Materials, los investigadores de la Universidad de Carolina del Sur demostraron cómo emplear una combinación de Doxorrubicina y Paclitaxel (otro fármaco empleado habitualmente en quimioterapia) junto con la nano-partícula. Los resultados de sus investigaciones les han hecho merecedores del premio New Investigator Award (Premio a los nuevos investigadores) 2012. El objetivo de estas nuevas técnicas es, en palabras del profesor Xu, “darle al paciente el fármaco correcto, en el tejido correcto, en la célula correcta, en la dosis correcta, y en el momento adecuado”.

La quimioterapia: efectos secundarios.
Los fármacos para el tratamiento quimioterápico del cáncer destruyen las células normales y las cancerosas, lo cual debilita al paciente y provoca una serie de efectos secundarios que pueden durar meses e incluso años dependiendo del tipo y cantidad de quimioterapia recibida. Los efectos secundarios más habituales son:

· Alopecia (total o parcial).

· Náuseas y vómitos.

· Diarrea o estreñimiento.

· Anemia e inmunodepresión (provocada por la destrucción de las células de la médula espinal, que disminuyen los niveles de glóbulos rojos en sangre.

· Disminución de los factores de coagulación y hemorragias. (Debido a la disminución de plaquetas provocada por la destrucción de la médula ósea.

· Cardiopatías. Ciertos fármacos (como la Doxorrubicina) dañan el sistema cardíaco.

· Hepatoxicidad y nefrotoxicidad. Daños en hígado y riñones.

· Otras: infecciones bucales, úlceras, sangrado, xerostomía (boca seca), mucositis (inflamación de las mucosas del tracto gastrointestinal).
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