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Los fumadores pasivos expuestos al humo de cigarrillos electrónicos presentan niveles de nicotina similares a los de los fumadores pasivos que conviven con fumadores de tabaco convencional.

Tales son las conclusiones de un estudio pionero del Instituto Catalán de Oncología (ICO) presentado en unas jornadas sobre cigarrillos electrónicos celebradas recientemente en Barcelona.

Los cigarrillos electrónicos no son inocuos.

Los datos aportados por el estudio demuestran que la concentración de nicotina en una casa en la que viven fumadores de cigarrillos electrónicos es diez veces más elevada que en una casa de no fumadores. Esto demuestra que el vapor de los cigarrillos electrónicos contiene nicotina que pasa al aire que respiramos. También hallaron concentraciones de nicotina y de otros compuestos tóxicos en la orina y la saliva de los fumadores pasivos de cigarrillos electrónicos eran cinco veces superiores a las de personas que no conviven con fumadores. Estos niveles son similares a los de los fumadores pasivos que conviven con fumadores de tabaco convencional.

A principios de año, el servicio catalán de la salud (CatSalut) prohibió el uso, promoción y venta de cigarrillos electrónicos en todos los centros de la red de asistencia sanitaria de Cataluña. Se decidió adoptar esta medida porque el CatSalut considera que todavía no se ha demostrado que sea completamente inocuo, y también porque la proliferación de estos aparatos está comprometiendo los avances logrados durante los últimos años en la lucha contra el tabaquismo, volviendo a “normalizar” un hábito que cada vez era menos común en lugares públicos, centros de trabajo y transporte público. Al contrario de lo que afirma la publicidad de las tabacaleras, no es cierto que los cigarrillos electrónicos sólo emitan vapor de agua: también contienen elementos tóxicos y agentes cancerígenos, afirma el Dr. Armando Peruga, de la OMS. Asimismo, tampoco existen evidencias científicas que demuestren que el cigarrillo electrónico sea útil para abandonar el tabaquismo; por el contrario, es visto como una relativamente inocua “puerta de entrada” a la adicción al tabaquismo. Así, aunque estos dispositivos son utilizados principalmente por fumadores que quieren dejar o reducir su adicción, también son empleados por un pequeño número de no fumadores. En este último grupo se encuentran niños y jóvenes (un 3% -5% de jóvenes no fumadores lo han utilizado en alguna ocasión) y no fumadores que se inician así en el consumo de tabaco.

Combatir la “re-normalización” del tabaquismo.
Los responsables del Consejo Asesor de Tabaquismo de Cataluña reclaman la necesidad de que la normativa vigente regule la publicidad y etiquetaje de los cigarrillos electrónicos según la directiva de las autoridades de la Unión europea de 26 de febrero del presente año. Como suele ocurrir, la legislación va muy por detrás de la realidad del mercado: mientras las grandes compañías tabacaleras desarrollaban un negocio de más de 2.000 millones de dólares estadounidenses, en la mayoría de países todavía no hay leyes reguladoras. Así, en algunos países como Noruega o Brasil lo han prohibido; en otros, como en los EE.UU, sólo hay regulación si se vende el producto como ayuda para dejar de fumar. En este sentido, expertos de la SEPAR (Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica) opinan que la regularización del cigarrillo electrónico como producto medicinal contribuiría a controlar el consumo indiscriminado de los mismos que está teniendo lugar en el momento actual con el consiguiente peligro para que los jóvenes los utilicen como una forma de inicio al consumo del tabaco y para que se dañe la des-normalización del consumo de tabaco en los lugares públicos tan significativa y relevante en España debido a la implementación de la actual normativa que regula el consumo de tabaco.

Más información sobre cigarrillos electrónicos en medicina21.com:

(4 de enero de 2013)
(30 de septiembre de 2013)

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